Un estudio revela que todos los seres vivos emiten una luz misteriosa que deja de brillar en el momento de la muerte.

El cuerpo humano, como el de todos los seres vivos, esconde fenómenos invisibles a simple vista. Entre ellos, un descubrimiento científico está atrayendo considerable atención: una luz extremadamente tenue, producida naturalmente por nuestras células, que desaparece en el preciso instante en que la vida cesa.

Esta emisión de luz no es un mero detalle biológico: refleja la profunda actividad metabólica de los organismos. Un estudio publicado en  The Journal of Physical Chemistry Letters  demuestra de forma convincente que esta luminiscencia ultradébil es un indicador directo de vitalidad.

Una luz biológica omnipresente pero imperceptible

 

 

 

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